Enero es el mes preferido para los timadores de la alimentación. Los vendedores de milagros en todas sus vertientes, batidos, pastillas, infusiones, tés, zumos y demás mierdas varias que harán de nosotros, según ellos, el “cuerpo top” que necesitamos para este nuevo año.
Estamos viviendo unos, meses ya, de incertidumbre, medio y frustración. La impotencia de estar ante un mal tan grande y sin solución por ahora, nos atenaza y va crispando los nervios del españolito de a pie.
El nuevo toque de queda nos ha dejado patidifusos, pero sobre todo al sector hostelero, si ya el turismo se ha visto hundido por la crisis del COVID19, este nuevo horario puede ser un palo mucho más grande y demoledor.
Que qué opino de la campaña “El azúcar Mata”, me preguntáis clavando vuestra pupila en mi pupila marrón…
Lo podría resumir en una frase: “Me he metido en internet para ver la campaña y me he tenido que tragar tres banners de ultraprocesados antes de llegar a verla”.
Creo que otra vez se ha errado el tiro y no quiero con esto quitarle mérito a la campaña, que me parece una idea acojonante, pero volvemos a repetir la historia una y otra vez y no aprendemos
Me gusta mucho este tema porque cada día me encuentro con más amigos y conocidos que toman leche sin lactosa porque les sienta mejor, no les duele el estómago, y son más felices y la vida les sonríe, pero cuando les pregunto qué es la lactosa y como hacen la leche sin lactosa, “pues es muy fácil se la quitan antes de envasarla”.
Es algo muy recurrente que me preguntan a menudo o que oigo en cualquier conversación banal;
“Hoy verduritas que ayer nos metimos un atracón de pizza…”
Este puedes ser el principio de muchos males mayores, y es que lo más importante de llevar una alimentación saludable, por encima de todo, es saber decir que no cuando no te apetece algo y saber decir que si con la tranquilidad de que luego no te vas a sentir culpable por ello.
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